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Playa de la cascada/Waterfall beach

2.200,00 Agotado

Acrílico sobre lienzo, acrylic on canvas
140 x 100 cm

Hay lugares que no se visitan: se merecen. Esta playa escondida, accesible solo cuando la marea baja concede paso entre las rocas, se presenta como un santuario natural donde el tiempo parece obedecer únicamente al pulso del mar.

La composición sitúa al espectador en el umbral, protegido por las grandes moles pétreas del primer plano. Las rocas, trabajadas con una pincelada rica y matérica, despliegan vetas oxidadas, violetas y azuladas que capturan la luz oblicua del atardecer. Entre ellas se abre la lámina verdosa del agua en calma, que conduce la mirada hacia la playa recogida al fondo y hacia la montaña que la abraza.

En el extremo opuesto, la cascada introduce el elemento íntimo y sonoro del paisaje: agua dulce que desciende desde la altura para fundirse con el Cantábrico. En marea baja acaricia la arena; en marea alta cae directamente sobre el mar, borrando casi por completo la playa. El lugar respira en dos estados, como si tuviera mareas propias más allá de las del océano.

Y al atardecer ocurre algo que convierte la escena en rito natural: bandadas de gaviotas comienzan a posarse en torno a la cascada. Se distribuyen sobre las rocas y la arena, beben del agua dulce antes de que esta se mezcle con la sal, y transforman el silencio en un murmullo blanco y leve. Esa presencia no altera la pureza del enclave; la confirma. Es la naturaleza dialogando consigo misma, sin intermediarios.

Desde una mirada curatorial, la obra no solo representa un espacio, sino una experiencia de tránsito y revelación. El espectador no contempla la playa desde la distancia: la descubre, la atraviesa visualmente, la habita. La ausencia de intervención humana subraya su carácter casi intacto, reforzando el valor simbólico de lo preservado.

En términos de colección, esta pieza posee una fuerza singular. Combina intensidad cromática, profundidad espacial y una narrativa silenciosa que invita a la contemplación prolongada. Es una obra que transforma el espacio donde se exhibe en un lugar de pausa y respiración.

Adquirirla es incorporar a la vida cotidiana un instante irrepetible: la hora en que la luz declina, las gaviotas descienden y el agua dulce aún conserva su identidad antes de fundirse con el mar.

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