Caballos bajo la luna. / Horses under the moon.
Acrílico sobre lienzo.
Acrylic on canvas.
100 x 65 cm.
La obra se construye desde la quietud, pero no desde el vacío, sino desde una presencia silenciosa que lo impregna todo. El paisaje nocturno, abierto y suavemente ondulado, se despliega bajo un cielo profundo donde las estrellas no solo iluminan, sino que ordenan el espacio, convirtiéndolo en una dimensión casi suspendida.
El color, dominado por una gama de azules, genera una atmósfera envolvente donde la luz no proviene de un foco evidente, sino que parece emanar del propio aire. La luna, aunque no visible directamente, se intuye en la claridad que modela el campo, los relieves suaves y las figuras.
Los caballos, dispersos en la escena, no actúan: están. Su presencia introduce una calma orgánica, una forma de vida que no irrumpe en el paisaje, sino que se integra en él. El que ocupa el primer plano, ligeramente girado hacia el espectador, establece un vínculo silencioso, casi contemplativo, como si compartiera con nosotros ese mismo instante detenido.
La pequeña construcción en el centro refuerza la escala y la soledad del entorno. No es refugio activo, sino vestigio, una señal mínima de lo humano en un espacio dominado por lo natural y lo cósmico.
El cielo, atravesado por estrellas y una leve estela luminosa, amplía la lectura hacia lo infinito. Frente a esa vastedad, la escena no se vuelve insignificante, sino íntima: un equilibrio delicado entre lo inmenso y lo cercano.